Charles Horton Cooley

Charles Horton Cooley: El yo que mira y el efecto de los grupos primarios

Charles Horton Cooley era un sociólogo que quería comprender mejor la sociedad y el comportamiento humano. Creía que la influencia de los grupos dentro de una sociedad tenía un fuerte impacto en el comportamiento humano. En esta lección, hablaremos de los grupos primarios, de la teoría del “yo” y del concepto de que el yo y la sociedad son claramente una unidad, no dos.

Por qué Cooley estudió los grupos y el comportamiento social

Charles Horton Cooley fue un sociólogo que quiso entender mejor por qué los seres humanos se comportan como lo hacen. Una de las contribuciones más importantes de Cooley a la sociología fue su idea de que estudiando las interacciones sociales cotidianas entre las personas, se podía empezar a entender mejor por qué las personas se comportan como lo hacen. Esta es la base de la perspectiva interaccionista de la sociología. Cooley afirmaba que, para entender el comportamiento, primero hay que comprender los significados que los seres humanos atribuyen a determinadas situaciones y, por tanto, el comportamiento que se enseña para acompañar esa situación. Creía que las sociedades moldean la vida de las personas que viven en ellas.

La principal contribución de Cooley a la sociología fue el estudio de los grupos primarios. Cooley acuñó el término “grupo primario”, que significa que es el primer grupo al que uno se presenta y es el que más influye en nuestro aprendizaje de ideas, creencias e ideales. Al observar la sociedad, Cooley se dio cuenta de que cuanto más se industrializaba una sociedad, más individualistas se volvían sus miembros. Vio que las personas se distanciaban más entre sí, eran más competitivas y perdían la conexión con los valores tradicionales de la familia y de la comunidad. A través de su estudio de los grupos primarios, Cooley esperaba inculcar una mayor unidad y cohesión social.

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Aunque la sociedad ha seguido evolucionando y cambiando a un ritmo más rápido, muchos de los problemas sociales que preocupaban a Cooley siguen existiendo hoy en día. Sin embargo, gracias a las investigaciones de Cooley, comprendemos mejor la importancia de la unidad social y la influencia de la sociedad sobre los individuos.

La carrera de Cooley

Nacido en 1864 en Ann Arbor, Michigan, como hijo de un juez del Tribunal Supremo de Michigan, Charles Horton Cooley creció en un hogar en el que se valoraba mucho la educación y en el que su ambicioso padre puso grandes expectativas en él.

En 1894, Cooley se doctoró en la Universidad de Michigan. En 1905 fundó la Asociación Americana de Sociología y en 1907 se convirtió en profesor titular de sociología en la Universidad de Michigan. Permaneció enseñando en la universidad durante toda su carrera.

Grupos primarios

Al igual que muchos sociólogos, Cooley quería comprender mejor la sociedad. Como se ha mencionado anteriormente, Cooley descubrió que cuanto más avanzada era una sociedad, más individualista se volvía la gente. Fue testigo de la ruptura de la cohesión social y de la familia tradicional. Estaba convencido de que eran los grupos pequeños e íntimos los que más influían en el comportamiento, y con la ruptura de estos grupos primarios, también teníamos una ruptura del comportamiento humano.

Cooley acuñó el término grupos primarios, que se definen como grupos caracterizados por la asociación y la cooperación íntimas, cara a cara. Los grupos primarios se reúnen por razones expresivas: para proporcionar apoyo emocional, amor, compañía y seguridad. Es a través de estos grupos como se empieza a desarrollar el sentido del yo.

El yo del espejo

Cooley es uno de los fundadores de la perspectiva interaccionista, que trata de explicar la sociedad observando las formas cotidianas de interacción entre los individuos. La teoría del yo de Cooley es aquella en la que aprendemos quiénes somos a través de nuestras interacciones con los demás. Es lo que se conoce como el “yo del espejo”. Esto significa básicamente que nuestra imagen del yo proviene de nuestra propia autorreflexión y de lo que los demás piensan de nosotros. Cooley cree que es a través de estas interacciones que uno comienza a desarrollar una idea de quién es; por lo tanto, el yo es un producto de nuestras interacciones sociales.

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Hay tres fases en el desarrollo del yo, según la teoría del yo en el espejo:

  1. Nos imaginamos cómo nos presentamos ante los demás.
  2. Nos imaginamos cómo nos evalúan los demás.
  3. Desarrollamos una especie de sentimiento sobre nosotros mismos basado en nuestra percepción de lo que creemos que los demás tienen de nosotros.

El “yo”, por tanto, surge de la imaginación individual de lo que creemos que los demás piensan de nosotros. Un elemento crítico de esto es que podemos percibir incorrectamente la impresión que alguien tiene de nosotros. Por ejemplo: un padre critica algo que hace su hijo; el niño siente entonces que el padre piensa que es estúpido y, por tanto, el niño empieza a creer que “soy estúpido”.

Utilizando el “espejo social” como medida de nosotros mismos, una reacción positiva de alguien crea un autoconcepto positivo; una reacción negativa, un autoconcepto negativo. Cooley afirma que se trata de un proceso interminable, ya que siempre estamos conociendo a nuevas personas y reevaluándonos en función de nuestra impresión de lo que piensan de nosotros.

La visión de Cooley sobre el ser y la sociedad

La sociología de Cooley es decididamente holística. Habla de la sociedad como un organismo. Lo afirma haciendo hincapié en las interrelaciones sistemáticas entre todas las partes de la sociedad y los procesos sociales. Citando a Cooley: “Si… decimos que la sociedad es un organismo, queremos decir… que es un complejo de formas de procesos, cada uno de los cuales vive y crece por interacción con los demás, estando el conjunto tan unificado que lo que ocurre en una parte afecta a todas las demás. Es un vasto tejido de actividad recíproca”.

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Cooley, por tanto, creía que el yo y la sociedad podían equipararse como una misma entidad. Una vez dijo: “El yo y la sociedad son gemelos”. Creía que uno no podía existir, y mucho menos desarrollarse y prosperar, sin el otro. Cooley afirmaba que un individuo no podía desarrollar un sentido de lo que es sin algo con lo que compararlo. Por tanto, afirma Cooley, los individuos de un mismo grupo y sociedad dependen unos de otros para el desarrollo de su autoidentidad. Cooley argumentó que el yo de una persona crece a partir del comercio de una persona con otras. Cooley afirmó: “El origen social de su vida viene por el camino de la relación con otras personas”. El yo, para Cooley, no es primero individual y luego social; surge al lado de la comunicación. La conciencia que uno tiene de sí mismo es un reflejo de las ideas sobre sí mismo que atribuye a otras mentes. Por lo tanto, no puede haber yos aislados. Cooley afirmó: “No hay sentido del “yo” sin su sentido correlativo

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